Política

Pobres de los niños

Es evidente que la situación del examen de ingreso a la UNAM ha desatado un profundo debate sobre la ética, la transparencia y la responsabilidad tanto de la universidad como de los aspirantes. El escándalo revela la existencia de una infraestructura organizada para hacer trampa, algo que trasciende la simple decisión individual de un joven ansioso por ingresar a la universidad.
El hecho de que exista un mercado de servicios que vende respuestas y asistencia durante el examen indica una falta de escrúpulos que va más allá del estudiante. La participación de padres y familiares al optar por el fraude revela complicidad en un sistema que a veces se siente desesperante y difícil. La elección de pagar por una suplantación en lugar de invertir en una preparación adecuada marca una línea de decisión que es éticamente cuestionable.
Además, el debate sobre si la segunda prueba es una "revictimización" debe ser analizado con sensatez. La competencia por los lugares en la UNAM es feroz, y en un contexto donde muchas personas se esmeran por conseguir sus oportunidades de manera honesta, quienes han triunfado a través del fraude ponen en riesgo la integridad del sistema y del mérito que deberían regir las oportunidades educativas.
Finalmente, los académicos y las instituciones involucradas deben abordar la falta de controles y la velocidad de su reacción ante las irregularidades. La UNAM, así como las instituciones y los jóvenes involucrados, tienen la responsabilidad de fomentar un entorno donde la honestidad y el esfuerzo se premien, evitando la normalización de prácticas fraudulentas que solo perpetúan desigualdades y falsas percepciones de éxito.

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