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Por qué el Mundial 2026 será el menos sustentable de la historia a pesar de las promesas de la FIFA
El Mundial de Fútbol no solo es un evento deportivo, sino que se ha convertido en un fenómeno cultural y social que trasciende fronteras. Desde su inicio en 1930, ha evolucionado significativamente, atrayendo a millones de aficionados en todo el mundo. La pasión que despierta es innegable, y en lugares como México, el fútbol se ha integrado en la tradición y la identidad social, actuando como un ritual que une comunidades.
Sin embargo, en la actualidad, el impacto ambiental de este tipo de grandes eventos es una preocupación creciente. A medida que el cambio climático se convierte en una amenaza cada vez más inminente, la responsabilidad de eventos como la Copa del Mundo de 2026 se vuelve crítica. La FIFA ha propuesto un enfoque más sostenible para el torneo, prometiendo un evento que tenga en cuenta aspectos sociales, medioambientales, económicos y de gobernanza. Sin embargo, las promesas y la realidad a menudo pueden divergir.
La afirmación de que este próximo Mundial será menos contaminante porque se han utilizado estadios existentes puede sonar optimista. Aunque es cierto que no se está construyendo una gran cantidad de nuevo infraestructura, la huella de carbono de un evento de tal magnitud es compleja y abarca más que solo la construcción. Involucra el transporte de aficionados, el uso de recursos para garantizar el evento y una logística masiva que, en muchos casos, puede llevar a un aumento en las emisiones.
El Mundial de Qatar 2022 se presentó como un ejemplo extremo de insostenibilidad, no solo por la construcción de estadios, sino también por las condiciones climáticas y el consumo de energía relacionado. Las cifras de emisiones de CO2 han reflejado un costo ambiental que va más allá de lo esperado y, aunque la FIFA intenta dar pasos hacia la sostenibilidad, el escepticismo persiste.
La verdadera prueba para el Mundial de 2026 será si puede cumplir con sus ambiciosos objetivos de sostenibilidad y demostrar que es posible llevar a cabo un evento tan grande y altamente visible sin dejar una huella ecológica devastadora. La atención del mundo estará puesta en cómo se ejecutará esta promesa y qué lecciones se aprenderán para futuros torneos. La intersección entre el deporte y la sostenibilidad es ahora, más que nunca, un tema imperativo que requiere acción colectiva y un cambio de mentalidad.