A diez años de la caída del "Chapo" Guzmán, el agonizante cisma y la guerra en el Cártel de Sinaloa

Sin embargo, esta aparente estabilidad fue efímera. A medida que pasaron los años, las tensiones entre los Chapitos y la facción de El Mayo comenzaron a intensificarse. Los hijos de El Chapo, quienes heredaron una parte del imperio criminal de su padre, impulsaron una lucha por el control del cártel, buscando consolidar su poder y expandir sus operaciones.
Las luchas internas del Cártel de Sinaloa han desencadenado una ola de violencia sin precedentes en varias regiones de México, particularmente en Sinaloa y en estados cercanos. Este conflicto ha llevado a un aumento en los enfrentamientos violentos, asesinatos y desplazamientos forzados de población, exacerbando aún más la crisis de seguridad en el país.
La fragmentación del Cártel de Sinaloa también ha permitido la entrada de otras organizaciones criminales en el territorio, alterando el equilibrio de poder en el narcotráfico y generando un panorama de mayor competencia y confrontación. Los cárteles rivales, como el Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG), han aprovechado la situación para disputarle el control de las rutas de drogas y expandir sus propias operaciones.
En esta nueva dinámica, la competencia no solo se limita a los cárteles de Sinaloa y Jalisco, sino que también involucra a otros grupos criminales que buscan aprovechar la debilidad de los dos principales actores del narcotráfico en México. A medida que el conflicto se intensifica, los efectos se sienten no solo a nivel criminal, sino también en políticas públicas, seguridad y la vida cotidiana de los ciudadanos que viven en las zonas más afectadas por la violencia.
Así, diez años después de la reaprehensión de El Chapo, el mapa del narcotráfico en México sigue en constante evolución, marcado por la lucha por el poder entre sus principales protagonistas y las consecuencias devastadoras que estas luchas tienen para la sociedad.

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